Cómo esconder un imperio, de Daniel Immerwahr (Picador, 2019) – Atencion San Miguel de Allende

Por Claire Howell
Un imperio ya no es lo que solía ser. Después de la Segunda Guerra Mundial, el campo de juego había cambiado. Los pueblos nativos lucharon contra las ocupaciones —lo atestiguan los movimientos de liberación en las Filipinas, China, Vietnam, Palestina y a lo largo de África— y la tecnología hizo las ocupaciones innecesarias. Los plásticos y otros sintéticos permitieron a los Estados Unidos hacer artículos que anteriormente tenían que ser traídos de tierras extranjeras. Los aviones y la radio hicieron posible que los bienes y la información se movieran libre y rápidamente. La globalización reemplazó a la colonización.
Immerwahr argumenta a favor de que los Estados Unidos creó un “imperio puntillista” que se extiende por todo el mundo. “Desde 1945, se han desplegado fuerzas armadas de los Estados Unidos en el extranjero… 211 veces en 67 países… Además de Guam, la Samoa Americana, las Islas Marianas del Norte, Puerto Rico y las Islas Vírgenes de los Estados Unidos, los Estados Unidos mantiene aproximadamente ochocientas bases militares en ultramar alrededor del mundo”.
La parte aleccionadora de la historia de Immerwahr es que, desde el principio, el proyecto de dominación imperialista de los Estados Unidos estaba justificado (y asumido tácitamente) por la supremacía blanca. Las justificaciones de supresión de las poblaciones nativas a través de todo el libro están repletas de la palabra N ___*, ninguna en alusión a personas de ascendencia africana. Cuando los norteamericanos atacaron a los españoles en las Filipinas en 1898, los insurgentes filipinos pensaron que los Estados Unidos estaban ayudándolos a liberar su país. Los rebeldes habían sitiado Manila, perdiendo miles de soldados en más de dos meses. Luego vieron cómo los norteamericanos marcharon sin oposición dentro de la ciudad, bloqueándolos, mientras el gobernador-general español se rindió ante los Estados Unidos en vez de ante los N ___ s, así como lo dice el autor. Los rebeldes filipinos luego pelearon contra los Estados Unidos por su independencia, la cual sólo llegó hasta 1934.
La Guerra Mexicana (1846-48) terminó con las fuerzas norteamericanas, habiendo arrasado al ejército mexicano, ocupado la Ciudad de México. Muchos en el Congreso querían tomar todo México porque ahora “pertenecía” a los Estados Unidos. Pero el senador de Carolina del Sur John C. Calhoun, leal defensor de la esclavitud, objetó… “Nosotros jamás hemos soñado con incorporar a la Unión a nadie excepto la raza caucásica—la raza blanca libre… ¿Acaso vamos a asociarnos, como iguales, compañeros, conciudadanos, con los indios y las razas mixtas de México?’ Así que los Estados Unidos se anexaron la escasamente poblada parte norte de México. O como lo dijo un periódico de la época, “todo el territorio de valor… sin las personas.”
Y no he mencionado la trágica historia de Puerto Rico, cuyos ciudadanos soportaron experimentos científicos en las manos de doctores norteamericanos, y cuyos revolucionarios acribillaron el congreso de los Estados Unidos y casi asesinaron al presidente Truman. Tampoco he tocado brevemente los aspectos más curiosos del imperio Americano: el origen del símbolo de la paz y la forma del balón de fútbol americano universitario; cómo llegaron a existir las señales de tráfico y sus colores; y el surgimiento de los Beatles. Todo esto y más le espera en este extraordinario libro.